Hace unos días, tuve el placer de participar en el II Congreso de Primavera de Abogados Novos de Vigo. Los “abogados novos” son un grupo de entusiastas juristas menores de 40 años en plena ebullición de ideas. Una de las cosas que hacen es reunirse una vez al año, invitar a gente y hablar sobre estrategia e innovación.

Al finalizar la ponencia que compartí con Beatriz Pastor, directora de Desarrollo de Negocio, Marketing y Comunicación de Baker & Mckenzie, en la que dimos muchos consejos, nuestra moderadora, la estupenda Bárbara Román, nos preguntó qué consejo daríamos a un joven abogado.

Detesto los realities, pero en el Discovery Channel hay algunos de supervivencia que a mi marido y a mí nos gustan mucho. El mejor es “Dúo de supervivientes”, con David Canterbury y Cody Lundin. También había uno que se llamaba ‘Naked and afraid’ que aquí se tradujo (elevando la sofisticación semántica) por “Aventura en pelotas”. Los participantes, a quienes dejaban en parajes inhóspitos debían llegar a un sitio donde los recogerían en 21 días, sólo podían elegir un único elemento para llevarse. Elementos como un cuchillo, un hacha, un encendedor, una cacerolita, etc. Con mi marido siempre conversamos sobre qué es lo que cada uno elegiría antes de lanzarse sin más nada a una “aventura”.

Algo así pensé cuando Bárbara me hizo esa pregunta final: si tuvieras que dar un solo consejo a un joven abogado, ¿cuál sería?

La verdad es que la pregunta me descolocó. Cuando ya creía que habíamos terminado, ya habíamos dado todas las recomendaciones que habíamos preparado, ya habíamos contestado e intercambiado opiniones con la gente, ¿volvemos a empezar?

En ese momento respondí repitiendo conceptos de la presentación y me enredé un poquito. Los riesgos del directo. No me quedé conforme con lo que le dije. Y si no me quedo conforme, la pregunta no se me va de la cabeza al punto que decidí escribir este post. Ya sé cuál sería el único consejo de marketing, así como el hacha (yo me llevaría un hacha) del reality.

Por eso, para mi querida Bárbara y el resto de los encantadores abogados gallegos, el consejo que daría, si sólo pudiera dar uno, pero de tan importante y tan básico muy frecuentemente se nos olvida, es el siguiente:

Sé buen abogado. Sé un excelente abogado. Sé el mejor abogado que tu cliente pueda pagar.

No hay estrategia de marketing que compense la falta de calidad jurídica.

Estudia, siempre. Fórmate. Lee doctrina, ya no es necesario comprar esos libros tochos con los que estudiábamos cuando yo cursaba en la Universidad de Buenos Aires. Existen programas de formación y desarrollo continuo verdaderamente innovadores y gratuitos, como el Almacén de Derecho.

Ya sé que no es cool ni trending topic, pero aquí los atajos no sirven.

Actualmente se habla mucho de que ya no basta con ser un buen técnico y que también hay que ser un buen gestor, un buen comercial y tener habilidades de comunicación. Es verdad, no es suficiente, pero sigue siendo imprescindible y muchas veces nos lo olvidamos. No sólo porque la venta de los servicios de un abogado es una venta consultiva en la que el posible cliente debe creer en nuestra promesa de valor: que sabemos hacer y que haremos aquello que decimos que sabemos hacer y haremos, sino porque es el único modo de ejercer la abogacía decentemente.

El colofón de este postulado es que es imposible ser un buen técnico sin especializarse, pero eso ya es materia de otro post.

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Fotografías de Rodney Smith